No publicamos nombres de clientes para no exponerlos. Presentamos escenarios reales que reconocerás si operas infraestructura.
Síntoma: el servicio responde con latencia; los usuarios reclaman y luego se normaliza.
Riesgo real: el problema se vuelve crónico y explota en el peor momento.
Causas típicas: saturación de recursos por procesos no esperados, picos de conexiones automatizadas (bots/abuso), cuellos de botella en la red o dependencias (DNS, DB, storage) y falta de visibilidad.
Cómo trabajamos: definimos qué es normal para tu servicio, identificamos el punto de saturación, reducimos exposición y dejamos señales operables con un plan de continuidad.
Resultado esperado: estabilidad y trazabilidad para saber qué pasó sin adivinar.
Síntoma: CPU alta, logs creciendo y performance variable.
Riesgo real: credenciales expuestas, abuso persistente y degradación crónica.
Cómo trabajamos: orden de accesos y privilegios, cierre de exposición innecesaria, monitoreo de señales críticas y alertas útiles, y reporte con medidas permanentes.
Resultado esperado: menos eventos, menos consumo anómalo y más control.
Síntoma: “algo cambió” y nadie sabe qué; incidentes difíciles de rastrear.
Riesgo real: la infraestructura depende de memoria humana, no de procesos mínimos.
Cómo trabajamos: trazabilidad simple de qué se cambia y por qué, checklist operacional y mínimos de continuidad, monitoreo por servicio crítico (no por servidor) y roadmap de mejoras por criticidad.
Resultado esperado: operación más predecible y menos incidentes fantasma.
Síntoma: en campañas o picos, el sistema aguanta hasta que no aguanta.
Riesgo real: caída en el momento más caro.
Cómo trabajamos: identificamos puntos de saturación reales, definimos una estrategia por capas para disponibilidad, dejamos monitoreo de señales tempranas y un plan de contingencia.
Resultado esperado: continuidad con criterio, no con pánico.